La cosecha de uva, a buen recaudo

Concluida la vendimia, ya reposa en la bodega el primer vino blanco criado en Cantabria de forma experimental, que se destinará al consumo


Tres de los integrantes de la familia copropietaria de Bodegas Vidular pasean en la finca donde acaban de vendimiar su futuro 'Ribera del Asón'.



De la cepa a la botella Los viticultores lebaniegos dicen que siguen en las viñas «por afición»
Alrededor de 250.000 kilos de uva, la mayoría en la comarca de Liébana se habrán recogido este año en las 55 hectáreas de terreno destinadas al viñedo existentes en Cantabria. Se trata de cifras poco menos que testimoniales, y de una producción de vino que, de forma secular, se ha reservado al consumo de casa. Pero esa tendencia comienza a romperse con la aparición de un puñado de emprendedores dispuestos a hacer de la viticultura su medio de vida. Tanto que el próximo año ya esperan tener permiso para comercializar el vino criado en sus cepas.

Al cabo de varios años de experimentación y de cuidados, las vides han empezado a producir la suficiente cantidad de uva como para insuflar ánimos a los viticultores. Sufridos productores que hasta la fecha no han hecho otra cosa que invertir y gastar -algunos empeñándose hasta las cejas-, pero que ya adivinan próximo el día de paladear el éxito.

En ese sinvivir se encuentra un puñado de viñadores de Moncalián, Gama, Vidular, Liendo, Trucíos... Gente como la familia Durán Ortega o como Ignacio Abajo, dispuestos a demostrar «que se puede vivir de esto».

Mikel Durán lo dice a pie de viña, satisfecho de que, pese al endeble cuerpo de las cepas plantadas hace sólo cuatro años, haya podido recoger uva suficiente para hacer cosecha y destinarla al consumo el próximo año. 'Ribera del Asón' -que así se llamará ese blanco producido y criado en Vidular y que ya duerme en la bodega-, pudiera convertirse en uno de los primeros vino nacidos del empuje de la Consejería de Agricultura en su empeño por ofrecer medios y vías para diversificar la ocupación en el mundo rural.

Un segundo caldo podría ser el 'Viña Lancina', nacido en el viñedo que Abajo posee en el barrio de Tuebre, en Bárcena de Cicero, aunque éste de una producción más modesta. «Vamos a demostrar que aquí se puede hacer un buen vino, de calidad», asegura Ignacio, quien ha dejado todo para convertirse en viticultor profesional. También Mikel y Jon Durán, y sus padres José Miguel y Maite, se confiesan «gente comprometida que apuesta por la viña».

Rendimiento

Reconocen que la tarea es lenta y que tardarán años en ver reconocido el trabajo, «pero no tenemos prisa. Sabemos que ésta es una labor lenta», se explica Ignacio. Mikel anticipa: «Esto va para largo, para años. Pero somos gente joven y los dos hermanos confiamos en vivir de ello».

Desde el Centro de Investigación de Muriedas, uno de los técnicos encargados del programa de experimentación del cultivo de la vid, Juan Ignacio de Sebastián, certifica las impresiones: «El cultivo de la vid tiene futuro». Considera que la viticultura puede renacer en Cantabria a través de los derechos de plantación, recuperando viñedos, plantando nuevas cepas y modernizando su laboreo. «Sin duda, es un reto, sobre todo para gente joven, comprometida, que le guste este cultivo», señala De Sebastián. «Nosotros ponemos el asesoramiento técnico y el apoyo enológico para que los cultivadores no se sientan desasistidos. Queremos hacer un buen vino, y se puede hacer de calidad para que cuando se embotelle y se venda, pueda sacarse rendimiento económico».

En esas están ya en Bodegas Vidular. Tras la vendimia, las tres hectáreas plantadas en su mayoría con uva de tipo Alvariño y algo de Chardonnay les han producido alrededor de 8.000 kilos de uva de 12 grados. El proceso en bodega derivará en unos 6.000 litros de vino y calculan que en unas 7.500 botellas. De aquí a tres años, con las vides ya desarrolladas, las cifras se pueden triplicar.

Entre tanto esa primera gran cosecha fermenta y madura en su bodega, los Durán solventan los trámites sanitarios y burocráticos necesarios para poder introducir su blanco 'Ribera del Asón' en el círculo de la restauración.

De calidad

Cerca de allí, Ignacio Abajo mima su plantación de tres hectáreas en Moncalián, aunque no será productiva hasta dentro de tres años. Sin embargo, su parcela experimental en Tuebre ya le ha reportado el primer anticipo: está vinificando unos 1.000 litros de vino blanco, elaborado con las variedades Riesling y Godello. De ese mosto saldrá su caldo 'Viña Lancina', del que adelanta: «Tiene puntos y aromas excelentes».

En Frama, en el proyecto experimental de mayor extensión de Liébana, se han recolectado unos 2.500 kilos. José Antonio Parra, uno de los socios del proyecto, indica: «Hacemos varias elaboraciones distintas de forma experimental para ver qué tal se comportan las uvas. Hemos sacado vino de trece, doce y nueve grados y se seguirá trabajando porque la intención es hacer un buen vino». Respecto a la calidad, Parra señala: «Para ser unas plantas tan jóvenes, es bastante buena».

Los de José Antonio, Ignacio y Mikel son ejemplos de un puñado de propietarios de Liendo, Obregón, Villaverde, Aliezo... hasta 14, colaboradores de la Consejería aportando pequeños terrenos para experimentar uvas, variedades y suelos. Representan la avanzadilla de productores en pos de un vino de calidad y medio de vida.